Por último

"...haber estado complicado con el viento que siempre tiene razón,
con la tierra y el agua y con la hierba que siempre tienen razón."
(R.G.A.)

3.11.08

José Luís Mangieri: pasión por la vida, o sea, la poesía, o sea, la vida.

 

Periodista, poeta, mítico editor de poetas imprescindibles. Lo conocimos en La Plata, en la (breve) primavera democrática de Alfonsín, cuando la inmensa librería Libraco, de Emilio Pernas, era la playa de bienvenida de tantos y tan valiosos exilados, externos e internos. La esperanza de esos rostros curtidos en la lejanía, hacían de Libraco una fiesta perpetua en esos años. Mangieri llegaba con un mirar ladeado (años de clandestinidad que, sin embargo, no borraban cierto humor porteñísimo), traía sus nuevos hijos: la naciente colección de “Libros de Tierra Firme” y distribuía inhallables de Siglo XXI y de otras editoriales proscriptas. Su maleta era el refugio de sobrevivientes resguardados en quién sabe que sótanos, que buhardillas, qué anaqueles.

Años después, visitó la ciudad en muchas ocasiones, la presentación de sendos libros de Diego Roel, o un homenaje a su querido Raúl González Tuñón, el primero que blindó la rosa lo acercaban a nosotros. Siempre con un aire distraído, pero presto a las anécdotas más jugosas y a no maquillar los recuerdos con concesiones gratuitas al presente. Atento a la poesía, a los poetas. A los nuevos y a los viejos “que aún andamos jodiendo por ahí”.

Mangieri legítimo:

“Toda la amplitud que tuve en mi vida política e intelectual se la debo al conventillo, donde conviví con una enorme mangiericantidad de obreros y donde también estaba, por supuesto, la prostituta que se llamaba María y nos regalaba caramelos los domingos”, decía el poeta. Cuando en los años ’40 leyó El violín del diablo y Miércoles de ceniza, de Raúl González Tuñón, sintió por primera vez que la poesía “era la exaltación de la belleza a través de la palabra”.

“No me fui por varias razones, así como los que se fueron habrán tenido sus propias razones. Entre mis propias razones hay una que tiene un peso enorme: si yo, con algunos de los libros que publiqué, tuve que ver con que hubiese gente que se decidiera a tomar el camino de la lucha armada, ¿cómo me iba a ir? ¿Qué, acaso alguien se imagina que uno podría mandarse a mudar y después mandar saludos desde París? –razonaba Mangieri–. Creo que quedarme era mi responsabilidad política y que no habría tenido derecho de irme.”

“Me gustaría que la gente dijera de mí: ‘Con pasión, hizo lo que pudo’. Sería un buen final.”

Extraído de: aquí (ver también audio y video sobre J.M. Mangieri)

Con tanto imbécil suelto, su recuerdo de seguro, seguirá jodiendo por ahí.

2 comentarios :

  1. Carlitos
    el mejor homenaje que le podemos hacer a Mangieri es seguir insistiendo, no bajar los brazos,
    abrazo desde el pueblo ficcional,
    jm

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  2. ¡AGUANTEN LOS PUEBLOS FICCIONALES EN DONDE LOS JAZMINES DE LA POESÍA CUBREN LAS REJAS DEL TEMOR!, insistiremos, siempre (alguna vez saldrá mejor)

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